Proceso en el encuentro con otros: "Estar"
Estar, escuchar y hablar: no al revés
En las instituciones escolares donde trabajo, las personas intentamos (me incluyo) resolver conflictos, abordar situaciones y ayudar a otros desde un lugar de saber, generalmente a través del habla: sermoneando o dando consejos. Sin embargo, este enfoque a menudo está mal planteado. Surgen preguntas, queremos saber más y pedimos información, pero lo hacemos sin antes haber pasado por el "escuchar" y, más importante aún, el "estar".
Esto no solo ocurre en las escuelas, sino también en otras instituciones que buscan ayudar. Se les pide a los adultos que pregunten o recopilen información de niños y jóvenes con quienes no tienen ningún vínculo. Son adultos que aparecen de la nada, con una carga representacional y afectiva impuesta por su rol y que no se han visto ni por ahí. El tiempo apremia, y la urgencia de intervenir rápidamente dificulta establecer relaciones significativas. No se permite conocer a fondo a las personas, a sus familias ni a los contextos. Sin este conocimiento, es difícil hablar verdaderamente de "ayuda".
Veamos cómo debería ser el proceso, paso a paso.
Primero, estar. ¿Cómo se está? Siendo presente. Verse, charlar de otras cosas, reconocerse físicamente y mirarse. Preguntarse sobre lo cotidiano, lo inofensivo. Es saludar, sonreír (una gran señal de que "te veo"), aprender los nombres y apellidos, y conocer al menos algo de la familia.
A veces, decimos que "estamos" en casa, pero los niños, jóvenes e incluso nuestras parejas sienten que no hay nadie allí. El trabajo, el entretenimiento y las preocupaciones nos ciegan. El celular, por ejemplo, a menudo roba la mirada de una madre hacia su bebé mientras lo amamanta. En fin, mirar y mirarnos. Estar implica que, cuando algo pase, realmente estemos.
Un niño que se cae busca otras miradas para validar lo que acaba de vivir, para sentir que lo que le ocurrió fue real y que puede expresarlo. La mirada del otro le dice si tiene permiso para manifestarse. Esa escena compartida con otro se convierte en un recuerdo. Y en ese recuerdo, estamos presentes.
¿El árbol que cae en el bosque hace ruido si nadie lo escucha? ¿Y nosotros? ¿Existimos, somos reales, si nadie nos mira?
Continuaremos en otra entrada con "escuchar" en un próximo blogueo.

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