Vivo al palo, rápido, acelerado. No sé qué hago, pero hago, y mucho. Si me detengo, el mundo se vuelve extraño para mí. ¿Ustedes también viven así? Hacen mucho, rápido, sin saber qué. El paisaje es hermoso, violento, de luces coloridas. Al principio me mareaba, sentía náuseas, mi cabeza no podía procesar todo lo que veía, todo lo… rápido. Luego me acostumbré. Dostoievski dice que el hombre se acostumbra a todo. Me acostumbré. Tengo la costumbre de mirar sin observar, de ver de pasada. Los rostros se multiplican y se amalgaman en facciones inexistentes, en una mezcla de todo. Me siento arrollado, satisfecho. Es la costumbre. Lo que veo no existe, pero es divertido, entretenido, placentero. Es como vivir en una montaña rusa, anestesiado por la adrenalina. Las cosas son pasajeras. No guardo más que la experiencia del viaje: la sensación inquietante de que nada es eterno, salvo yo. Las personas también son pasajeras, solo un momento. No hay tiempo para detenerse a saber más del o...