Más allá de las soluciones rápidas: Construir una vida con sentido

 


Vivimos en una época donde todo debe ser inmediato y sin esfuerzo. Esto no sorprende a nadie, pero sí llama la atención que, dentro de esta visión de la realidad, apostemos por actividades rápidas y placenteras —o al menos que no impliquen dolor o sufrimiento— para resolver nuestras dolencias físicas y mentales. Este escenario es propicio para nuevas formas de soluciones "mágicas" en las que no me detendré, ya que lo que realmente me interesa es que reconozcamos que el problema no está afuera.

Nos comportamos como si todo fuera un problema físico que puede ser resuelto con una pastilla o algún medicamento. El reposo es inevitable, pero lo importante es que el dolor se vaya. Si es posible, que sea bajo anestesia, para que otro opere por nosotros. Yo solo pongo el cuerpo, que ya es bastante.

En la novela de Aldous Huxley, Un mundo feliz, la sociedad está diseñada para que las personas no piensen, cumplan su rol y vivan "felices". Cuando algo los incomoda o empiezan a cuestionarse, toman una pastilla llamada "soma", que los vuelve felices… o más bien, drogados.

No estamos tan lejos de esa realidad. Si surgiera algo similar, sería consumido en masa. ¿O acaso no es comparable a las pastillas para dormir, para estudiar, para mejorar la atención, para tener más energía, o incluso para ganar masa muscular? Queremos todo ya, y sin esfuerzo.

Es cierto que la medicación es necesaria en algunos casos, pero en muchos otros, se abusa de ella.

Con la salud mental ocurre algo parecido. El psicoanálisis dejó una huella imborrable: en el pasado está la raíz de todos los males. Así, hay personas que buscan en su pasado la causa de su sufrimiento actual. Otros te lo muestran, te hacen ver ese pasado y comprenderlo. Aquí, Freud nos aporta una respuesta: cuando usaba la hipnosis, descubría escenas primarias que afectaban los síntomas presentes, pero al traerlas al consciente mediante hipnosis, no generaba un cambio real porque no había insight, es decir, el proceso de comprensión que transforma la experiencia. Así, el síntoma desaparecía de un lugar, pero surgía en otro.

Explorar el pasado implica abrir puertas, dejar de lado los juicios, escucharse y profundizar. Y sí, es difícil.

La salud mental y el futuro tienen una relación distinta. Mientras en el pasado se descubre el "error" que nos ha formado, en el futuro se encuentra nuestro proyecto. Si alguien me dijera lo que va a suceder, eso me liberaría de la responsabilidad de mis acciones presentes, me eximiría de tomar decisiones. Al no tener que elegir, también me liberaría de la posibilidad de equivocarme. Sería mi destino, algo inevitable. Este es otro modo de escaparnos de quiénes somos.

Aceptar que la realidad es hoy, es ahora, y que camino con mi pasado a cuestas, sanando las heridas y perdonando, para tomar decisiones libres que definan mi futuro —ese futuro que nadie conoce— es esencial. Solo así podemos evitar caer en el facilismo, en el consumismo. Cualquier decisión que tomemos implica esfuerzo, lucha y un encuentro con uno mismo. Y eso, aunque no es fácil, es lo hermoso de la vida.

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