La grandeza a la que estamos llamados
Estoy seguro de que todos estamos llamados a la grandeza, porque debemos llevar a cabo lo más importante: la tarea de nuestra vida.
Cada vida es única e irrepetible. Cada uno vive una situación singular e
intransferible; nadie puede hacer ni responder por lo que te corresponde a ti
en este momento. Cada persona está llamada a responderle a la vida desde quien
es y desde lo único de su situación, para llevar ese hecho a lo más alto, a la
conquista de la verdad.
Ser grande no tiene que ver con lo que ven los demás, ni con la viralización o
la fama. Tiene que ver con lo valioso que soy por el simple hecho de estar
vivo, lo importante que soy por tener que responder a este llamado. Estoy aquí
para responder. ¿Quién dice que soy más o menos que otro? Es mi consciencia la
que me guía y me dice qué debo hacer ahora, en este preciso momento, de acuerdo
con lo que estoy viviendo.
La consciencia me recuerda que soy responsable de esta parte de la vida y que
soy sumamente importante. Además, debo reconocerme amado por esta misión:
alguien me envió para realizarla.
No hay que posponer más.
Soy yo quien debe hacerlo. Libremente lo elijo. Con responsabilidad, yo debo
hacerlo.
Si no lo hago ahora, me oxido y muero, muero de verdad.
Si lo intento, crezco, me realizo y vivo, aunque muera.

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