La tarea es autoestima
Si pasas mucho tiempo haciendo esto o aquello, no puede ser que en todo ese tiempo no entregues nada de ti, que no seas más que un vacío.
Si caminas por la cuerda floja todos los días, con el tiempo deberías
convertirte en un buen equilibrista. Cuanto más tiempo pasa, mejor te vuelves.
Eso puede hacerte sentir realizado.
Pero hay un aprendizaje que proviene de la práctica, que
puede ser mecánica y repetitiva, y otro que surge cuando la persona se
involucra en la actividad, se siente llamada. En este segundo caso, la tarea
favorece la genialidad y la creatividad, porque se buscan nuevas formas de
hacer lo que se hace. Ambos procesos afectan la autoestima: en el primer caso,
"soy", y en el segundo, "soy y puedo ser". Mi tarea se
proyecta y me hace capaz de lo inimaginable.
Cuando solo repetimos por inercia, hay un "yo" que
responde y realiza acciones, pero solo aporta lo que tiene en ese momento.
Entonces, aparece la duda, el vacío, no nos sentimos llamados. Esto puede
parecer válido, porque "es mi trabajo", pero cuando surge una
situación problemática, una frustración o un conflicto, psicológicamente
caemos. Nos arrastra la ansiedad, la angustia, y la crisis se vuelve
inevitable. El cuerpo reacciona, necesitamos tomar distancia, porque el
problema me afecta directamente.
Cuando nos sentimos llamados a la tarea, somos creativos.
Creamos no para alimentar nuestra autoestima, sino porque estamos orientados a
mejorar, a transformar la tarea para quienes nos necesitan, para aquellos que
van a recibir nuestra acción. (Tres cosas no podemos dejar de hacer: pensar,
conversar y realizar una tarea para otros). Es decir, el que recibe el cambio
no soy yo, es otro. Porque la creación, la pasión, es un regalo para dar.
Si solo quiero
hacer equilibrio, lo hago en el suelo. Si quiero ser un equilibrista, lo hago
en el cielo.
Lo que somos es lo que damos.

Comentarios
Publicar un comentario