¿Para qué trabajas?
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Es una gran preocupación que tengo. A veces peco de entrometido al mirar personas y pensar "la están pasando mal" cuando sé que soy yo quien no disfrutaría eso que hacen, pero hay tantas miradas, rostros, posturas, formas de atender, de responder, de actuar que no caben dudas: "no están en SU lugar".
Tres cosas importantes para tomar del texto:
- Sentirse perdido.
- Trabajar sin vocación.
- El sentido del sueldo.
El que se siente perdido busca ayuda. Otras veces solo se siente así y no encuentra el camino, pero está en la búsqueda, ya es un montón. Además, las crisis son experiencias que nos regalan un mejor estar en la vida, nos despiertan, nos despabilan y nos mueven a crecer, o ser para lo que estamos hechos: somos espíritu, más que la máquina que se mueve, somos seres que trascienden, se dan. Encontrarse es encontrar el sentido.
Otras veces no nos sentimos perdidos, pero estamos cumpliendo con las orejeras de caballo, sin mirar al costado, esperando que la vida se nos pase así, en continua costumbre, sin sobresaltos, con el miedo al cambio, quietos, cerrados. El trabajo es don, nace de nosotros y somos nosotros: lo que sale de mí es lo que soy. Entonces, ¿estás bien? No importa si trabajas y tienes tu plata, te alcanza o no, te sobra, no importa, porque lo que es verdaderamente relevante es que estás ahí en donde se juega a diario tu personalidad, tu ser, tu autoestima y tu felicidad. Pasas muchas horas dándote en tu trabajo, poniendo el cuerpo y quién eres, sin poder entretenerte, como pasa en los tiempos de ocio, como para perderte de las cuestiones filosóficas de la vida. Estás en el lugar de tu ser, haciendo, produciendo y ¿me dices que no sientes que ese don es tuyo? La pasión no es un privilegio de pocos, sino de todos; el ser humano es pasión, pero eso nos tiene que romper la vida, quebrar lo estático, la inercia y conocer y saber qué tengo para dar.
El sentido del sueldo, ¿por qué la gente se medica y automedica?, ¿por qué no duerme bien? Una de las causas es porque se preocupa por TENER cosas y, lamentablemente, personas. Se preocupa por lo material y sufre de las posesiones, por los derechos de la propiedad privada (me animo a decir), sufre por el castigo del tiempo de las cosas, que se corroen, destruyen, rompen, rayan, pierden valor. Las personas también tienen cambios, no son controlables, pero eso es para otra reflexión. Vivir para el sueldo es perder nuestra magia, quiénes somos por un poco de placer, de tener, que muere en el momento en que se llega. Somos llamados a trabajar por el don mismo y como resultado, consecuencia, la remuneración.
¡Qué distinto es quien trabaja por un sueldo a quien cobra un sueldo por trabajar!
Y el tener dura tan poco, sin embargo, ¿qué cosas no tienen tiempo de duración, no se corroen? Las buenas acciones que uno hace, las obras con amor, con valor y que son dirigidas a otras personas, actos que salen de uno y uno es quien sale. Digo con esto, nuestro trabajo debe ser don, ahí está el ser feliz. La felicidad no se tiene, no es algo que se obtiene, ni se compra, uno es feliz o no es feliz y considero que es una decisión. Cuando nos enfoquemos en lo que hacemos, en nuestras acciones, nuestro hacer (ya sea trabajo o actividad), tendremos la libertad de elegir ser feliz.

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