Amar lo que uno hace es ser feliz
El libro propone y plantea esta frase como eje de nuestro
hacer, nuestra tarea, acción, recreación y como guía para toda la vida:
Amar lo que uno hace es felicidad. Este derecho
debería estar escrito en la constitución, así como está inscrito en nuestra
persona, en nuestros genes, en nuestro corazón. Un derecho aplicable en las
familias, distinguido y separado del placer y lo privado, como solemos creer
que es la libertad. Un derecho de nuestros hijos: tener padres que amen lo que
hacen, sin importar las connotaciones sociales, las miradas ajenas o las
murmuraciones. Y al igual que es un derecho, debería ser una obligación para
los padres: ser felices por sus hijos. ¿Cuántas tormentas podrían superar
nuestros hijos si tienen como faro la alegría, la serenidad, la verdad y el
valor de unos padres que aman lo que hacen?
Amar es conocer; amar lo que uno hace es conocer y
conocerse. Primero, siempre conocerse: es el punto de partida de la educación,
de la familia, porque gracias a quién soy, puedo soñar con quién quiero ser.
Los sueños son guías de nuestro crecimiento, son tutores que enderezan los
caminos, y no importa si uno es más fácil que otro, el sueño siempre guía por
el correcto (aunque a veces no lleguemos a donde creíamos, estaremos donde
debemos estar). El que elige el camino por lo fácil es quien no tiene sueños, y
las mareas lo llevan y lo traen. Conocerse es el principio de todo; nunca
terminamos de conocernos, pero siempre sabemos quiénes somos.
Luego viene conocer la tarea, lo que haces. Necesitas
triangular quién eres, lo que haces (los posibles), y el otro. Entonces me
reconozco como instrumento, facilito la acción, y la tarea, como he venido
diciendo, es trascender. Está fuera de mí, siempre es para otros. Lo que
regresa a mí es el conocimiento de quién soy, de lo que puedo y de lo que
ofrezco.
Soy lo que doy.
Doy lo que puedo y lo que es posible.
Lo posible es para otros y, en segundo lugar, lejos de
ser el fin, para mí.
Fortalecidos, el éxito de amar lo que uno hace se convierte
en un plan de Dios, en un proyecto humano, en un cambio social, en un mundo
mejor.

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